LVI

Con la frente perdida en tu cabello
y las manos ciñendo el fino talle,
yo sentía las ráfagas ardientes
que tus labios bebían anhelantes.

Y sentí que el latir de un corazón
me contaba sus penas y sus dichas...
¿Cómo pudo después helarse así,
perdiéndose el calor de tus caricias?


 

A poema anterior            A Menú                    A poema siguiente

Hosted by www.Geocities.ws

1