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XXV
Un hálito de amor recorrió el alma
que, triste, miraba suplicante.
Tus ojos se clavaron en los míos,
las nubes dieron paso al sol radiante.
Y un ángel desde el cielo fue cantando.
Mi voz, junto a la suya, se elevó.
La dicha me embargaba y fue mi canto
el cántico nacido de tu amor.
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