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Prólogo Este relato, basado en hechos totalmente
reales y acaecidos en la capital de España hace muy pocos años, y que
siguen ocurriendo todos los días, no pretende ser un alegato contra el
alcohol y sus consecuencias. Tan sólo se limita a exponer una cruda
realidad que existe en la vida social en la que nos movemos. Se habla de
drogas blandas y duras; se arremete contra el tabaco y se defiende a los
fumadores pasivos y se persigue el tráfico de estupefacientes y
sustancias muy peligrosas, como la heroína. Pero la bebida es un
hábito más que forma parte de nuestras vidas. Cualquier acontecimiento
feliz se celebra con un trago y rara es la fiesta familiar en la que el
alcohol no corre a sus anchas. Nada tengo a favor ni en contra de
Alcohólicos Anónimos. Sé perfectamente que sus miembros no estarán
de acuerdo en absoluto con muchas de las cosas que en el libro se
afirman. En otras, en la mayor parte, sí que las corroborarán. Pero
poco me importa su opinión, aunque la respeto. Solamente he pretendido
recoger mi experiencia y la de personas que conozco y exponerla a la luz
pública. La triste realidad es que, según cifras que he podido
constatar, en nuestro país existen más de cuatro millones de
alcohólicos en activo y casi seis en ciernes de serlo. Si estas cifras
parecen exageradas al lector, le recomiendo que se aproxime a alguno de
los centros de A.A. o a los mismos Centros de Salud Mental y podrá
convencerse por sí mismo. La arraigada costumbre de tomar una cerveza
con un amigo suele acabar, la mayor parte de las veces, en la enfermedad
alcohólica y ésta, no perseguida ni protegida por las Fuerzas de Orden
Público, salvo cuando origina muertes en carretera o en disputas y
reyertas, no está ni contemplada en ningún cuadro médico ni penada
por las Leyes. |