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Lamentos
Yo soy el trueno
que exhala su sonido,
el que aleja raudo
por manos misteriosas dirigido.
Yo soy la llama invicta
que luce entre las sombras,
aquél cuyas palabras
acalla suave alfombra.
Soy náufrago perdido
en tiempo alejados,
que en ellos concebióme
destino equivocado.

La mujer es un muñeco
que no sabe de la vida
y en un vulgar coqueteo
amores brinda y olvida.
La mujer sólo conoce
del amor la superficie
y no ve los sentimientos
que enciende al pasar su efigie.
Irresistibles dominan
los corazones más fuertes.
Quienes temen hay, a veces,
más la mujer que la muerte.

El mar atronador me ruge,
se rompen sus olas en espuma;
los barcos perdidos que se alejan
se ocultan en la bruma.
Por este mar te fuiste
tan triste el día como hoy;
por estas olas que contemplo
tan sólo por la vida voy.
¡Oh, mar, que la llevaste,
de nuevo tráela aquí
sobre tus verdes aguas!
¡Oh, mar, apiádate de mí!

Desde las sombras ocultas de los bosques,
desde las simas profundas de los valles,
desde el abismo ignoto del Océano,
no hay sitio en que, mujer, tu faz no halle.
Desde el hirviente horno del volcán,
desde el picacho etéreo de las cumbres,
tu amor con su recuerdo me atormenta;
me llena el alma de triste pesadumbre.
Desde que nace el día de las sombras
y el sol, radiante, alumbra el firmamento
hasta la noche que ténebra desciende,
de ti, mujer, no dejo de olvidarme ni un momento.

¿Amor? Se ríe la gente.
- ¿Por qué? -.Pregunto dolido.
¿Por qué mi amor les divierte..?
Tal vez jamás han querido.
Quien ha querido de veras,
las risas sabe que causan
en una ilusión primera
dolor terrible en el alma.
Y si las risas provienen
del ser que amamos con ansia
el áspero valor tienen
de un cuchillo en las entrañas.

"Quiérela ahora,
llórala mañana".
Oigo esta canción
desde mi ventana.
¡Cuánto de verdad
esta copla oculta!
Porque la mujer
¡tiene tanta culpa..!
Ahora la besamos
llenos de cariño.
Mañana lloramos
igual que los niños.
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