|
No puedo olvidarla
Le he confiado mi vida.
¿Será digna de saberla?
No sé si alguna mujer
se merece tal ofrenda.
Ésta es dulce, caprichosa,
acaso como era aquella.
¡Pero no! Es más sensata.
O, al menos, eso aparenta.
Ya ves, mi lejana musa,
aunque olvidar yo quisiera
y lo intento, no lo logro.
Cuando menos lo espero, ¡te presentas!
A
poema anterior
A
Menú A
poema siguiente
|