Los colores de la vida y de la muerte

Negro, siempre negro, color de la muerte;
negro que me asustas, color de lamentos...
Cuando te contemplo se embarga mi pecho
de angustia y dolores, de penas sin cuento.

Blanco, de pureza de virgen radiante.
Blanco que reluces tu luz en las sombras.
¿Qué existe en el mundo acaso más bello
que, de blanca nieve, la límpida alfombra?

Rojo, cual la sangre que rápida brota
de la herida abierta por hoja afilada.
Rojo, de cariño, de amor contrariado,
de celos feroces que calma la espada.

Verde, de esperanza del hombre tranquilo
que aguarda paciente la cosa que espera.
Verde del creyente que en Dios se confía,
que su amor aguarda de forma certera.

Color es que invade radiante los cielos,
azul, que los mares y lagos coloras.
Color azulado, perfecto y divino...
Color azulado, los seres te adoran.

Eres, amarillo, color de impotencia,
color que, agostadas, las hojas presentan.
Color eres vivo pero que, no obstante,
color es que adquiere Natura ya muerta.

Es rosa el color de los sueños divinos
que las mentes tiernas aguardan ufanas;
color de doncellas que, inquietas, aguardan
que el príncipe venga, de ropas doradas.

¡Oh, triste presagio que gris profetiza
de días lluviosos la triste venida!
Son grises los días que a nada conducen
y, a veces, acaso, también gris la vida.

Son todos colores que la vida luce;
son todos colores de sí diferentes
que unidos ordenan la vida del hombre.
Son estos colores que ordenan su muerte.


A poema anterior                                  A Menú                            A poema siguiente

Hosted by www.Geocities.ws

1