En recuerdo (VI)

Al pensar que sus besos quise un día,
siento el alma embriagada de pesar.
Si la quise... ¡qué necio fuera entonces!
Si fue falso mi amor, ¿por qué llorar?

Sólo sé que la he visto y me reído
como nunca pudiera yo reír.
Sólo sé que la he visto y he sentido
una nueva alegría de vivir...

Si más grande que nunca hoy me revelo,
arrollando mi fuerza lo banal,
¿qué me importa que un día sollozase,
si en la fragua del llanto me he hecho más?



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