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En la tarde
lluviosa...
En la tarde lluviosa, los dos juntos,
nuestras manos se unieron
y los ojos
se miraron ardientes y en su hoguera
¡cuántos sueños dijeron
que se han roto!
Más tarde, no recuerdo cómo fue,
en la blanca mejilla te di un beso.
Te dije que te amaba y fue tu mano
quien por ti me dijera también eso.
Mas después, las miradas se han perdido
y la cruz que las manos erigieran
a los suelos cayó con sordo ruido,
quedando sofocada por la tierra.
Pero el beso jamás ha de morir;
si fue corto, más tiempo ha de durar.
¡Que yo puse en mis labios cuanto en mí
merecía la pena conservar!
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