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Me cercó con
sus brazos...
Me cercó con sus brazos y en el fuego
de sus labios ardientes me abrasé,
enjugué mi dolor en sus cabellos
y, soñando, en la noche suspiré.
Mas al alba, de nuevo estaba solo
y mis labios estaban como el lis,
destrozados, exangües y sangrientos...
¡Como antes que el sueño fuera a mí!
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