He escuchado tu risa...

He escuchado tu risa en la distancia
como un eco maligno de tormento.
Te reías con otro, tal vez cerca,
y en tu risa no había ni un lamento.

¿Es posible, quizás, que no recuerdes
que ayer mismo mis labios sonrieron,
que tus ojos los míos reflejaron,
que en el éxtasis dulce sonó un beso?

¡Es posible, lo sé, pese a mi vida!
Y de veras, mi amor, ya no lo siento.
Si otros labios te pueden dar la dicha,
busca en ellos la dicha, que yo he muerto...


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