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No inclines
la cabeza...
No inclines la cabeza ante el dolor
ni dobles la rodilla ante la pena.
¡Atrás la altiva frente, ría el labio,
que el impulso vital lata en tus venas!
Que si no se merece que tú llores,
¿por qué el llanto en tus ojos se refleja?
¡Ah, Dios mío, yo sé que eso es verdad,
pero temo al pensar que no he de verla!
Que si el llanto va al mar y los suspiros
en el aire se pierden, con mis quejas
irme quiero a las sombras de la noche,
donde el alma y el cuerpo por fin duerman.
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