Yo ofrecí todo aquello...

Yo ofrecí todo aquello que tenía
a una diosa gentil de lindo cuerpo,
pidiéndole su amor como el que pide
al campo su alimento.

Mas, ingrata, se fue por el camino,
dejándome en la orilla del sendero,
sin nada qué decir, sin compañía,
¡tan solo como un muerto!

E, ingenuo, quise hacer un santuario
en donde siempre guardar aquel recuerdo,
soñando que el hacerlo la traería...
¡Pero todo fue un sueño!



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