Cendal...

Cendal de seda que tu cuerpo ignora,
rosas en el pelo y blanca diadema,
con los ojos mirándome entreabiertos
y la voz recordándome una queja:

En la noche pasada, así te he visto,
envuelta en los sudarios de la bruma...
¿Has muerto o es que sufres? ¿No contestas?
¡Vuelve pues al silencio de la tumba!

Tú te fuiste y yo he vuelto ya a la vida.
¿Por qué tornas de nuevo a atormentarme?
Te lo pido llorando. ¿No me escuchas?
¡Vete y deja que viva sin amarte!


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