Flores y gemas

Yo te ofrezco dos collares:
Uno, de piedras preciosas
que destellan en el aire.
Otro, de sangrientas rosas.

Las gemas hieren la vista,
nunca pierden su aureola,
brillan sobre el blanco cuello
con el fulgor de una antorcha.

Son como un mágico espejo
que riela en la negra sombra.
Hacen a aquél que las tiene
vestir la fama y la gloria.

Sobre los mantos de armiño,
entre las regias coronas,
en los soberbios tocados...
¡Allí lucen poderosas!

La rosa, en cambio, es muy pobre.
Con el otoño se agosta.
Tiene color de martirio
pues, como la sangre, es roja.

Mira que su tallo es frágil,
que es muy débil su corola,
que sus pétalos se mueren,
que deja de ser hermosa.

Elige el que más te guste,
mas ve antes de que escojas
que aunque la flor es humilde
es más rica que las joyas:

Mira que la besa el aire,
mira que el sol la retoca,
mira que Dios quiso hacerla
con Sus manos bondadosas.

Que las vírgenes las llevan,
que del poeta son honra,
porque las gemas se venden.
La flor... ¡La flor es del que la corta!

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