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En la alcoba,
pensando...
En la alcoba, pensando somnoliento
en dónde estarás tú,
he sentido una lágrima en los ojos
y, después... el silencio, la quietud.
Mis ojos se han quedado en el vacío
mirando, allí hacia el Norte, mas sin ver
y la mente, soñando, ha concebido
una escena divina que es mi fe:
La cabeza en la almohada, dulcemente;
los párpados cerrados y la tez
enmarcada en tu pelo... Así te he visto,
como siempre, mi vida, te soñé.
¡Qué envidia me da el lecho donde yaces
bebiendo de los sueños el placer!
Ya ves: Yo, que te amo, no te veo.
¡Mas él, que nada siente, sí te ve!
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