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Dedicatoria
¿Qué pensarás de mí, si es que algo
piensas,
cuando leas los versos que te he escrito?
¿Que estoy loco, quizás, que fueron falsos,
que fui necio creyendo en tu cariño?
No sé qué pensarás, mas si supieras
que estas necias palabras son el hilo
que me sigue enlazando a la existencia,
tal vez no te reirías al decirlos.
Es humilde corona que te ofrezco,
desprovista de luces y de brillo,
pero mira que son toda una vida...
¡No te rías, por Dios! Dales asilo
en tu pecho de nieve y, cuando un día
te enteres de que he muerto, yo te pido
que los des a la luz. Aquí los tienes:
Son la sangre y el llanto que he vertido
en noches de dolor y días de angustia,
de verme otra vez solo, sin amigos.
Son la dicha y la aurora del romance
que duró poco tiempo. En ellos digo
las ansias de tenerte, mi respeto,
mi ilusión que hoy se apaga como un cirio.
Son reproches, tal vez, que dije un día
al ver que con tu amor me habías mentido.
Es, en fin, hablando sin ambages,
el resumen de cuánto te he querido.
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