Ondulando el talle...

Ondulando el talle,
con la hermosa trenza sobre el fino cáliz,
húmedos los ojos,
rezando sus labios,
con sus manos blancas, de claveles rojos,
cortó un bello ramo
que besó en el aire.
Se acercó despacio,
llorando en silencio
y en la gris arena cayeron sus lágrimas:
El divino llanto
formó sobre el lecho
rico santuario
que llenó de flores
de fragante aroma,
de vivos colores.
La vi arrodillarse,
suspirar un beso...
Contra el infinito del oscuro cielo,
marco de cipreses,
de túmulos regios,
ceñidas sus sienes
por nubes de rosas,
lírica guirnalda
sobre sus cabellos,
¡la vi tan hermosa
murmurando un rezo
sobre aquella fosa,
sobre aquellos huesos..!
La vi tan hermosa...
¡que sentí haber muerto!

 


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