Los besos de tus ojos...

Los besos de tus ojos en mi mente
llamáronme a la vida;
la angustia me anegaba, sofocando
la idea tan querida.

Un día me quisiste y yo te quise,
mas luego te olvidé. Fue culpa mía.
¡Si acaso yo volviera suplicando
y fueses compasiva..!

¡No quiero ni pensarlo, Virgen Santa!
¡Si de las flores hiriesen las espinas
tu dulce corazón e, igual que el mío,
manase roja sangre de la herida..!

Fue mía la torpeza y no suplico,
mas si quisieras de nuevo dar la dicha
al pecho que está solo y amargado...
¡Ah, Dios, no me darás tal alegría!



 

 

 

 

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