Como verás, yo no pienso en otra cosa
sino que en que, gentil, al cabo me perdones.
Es que mi mente y mi alma están rabiosas
por lo mal que he pagado tus amores.
Y el caso es que ni supe lo que hacía.
Ya sé que me dirás que fue pensado,
pero te juro, en verdad, querida mía,
que no puedo yo mismo ni explicarlo.
Que soy listo y audaz, qué duda cabe.
Soy capaz de inventarme cualquier cuento.
Mas te digo que ni mi mente sabe
por qué fui capaz de aquel invento.
Lo malo es que no creerás ya cosa alguna
que te diga, por muy cierta que sea.
Eso ocurre cuando siembras la duda,
que luego ya no hay nadie que te crea.
¿Cómo pudiera de cierto demostrarte
que mi cariño por ti es bien sincero?
No sé. Yo solamente sé que puedo amarte
como nadie te amó en el mundo entero.
¿Pero cómo recuperar tu confianza,
cómo lograr que eches al olvido
esa traición de ayer? Una esperanza,
una sola palabra de amor es lo que pido.
Te suplico no seas muy severa,
que no dictes una sentencia dura.
Lo que importa es que en verdad te quiero.
Júzgalo, pues, como una travesura.
Yo no sé si es pedirte demasiado,
mas seguro sí estoy de que me quieres.
Echa, pues, al olvido mi pecado,
demostrando la gran mujer que eres.
Poema anterior
Menú Poema
siguiente
|