Has conseguido llenar de cólera mi alma
por algo, de verdad, que era infundado.
Cuando yo peco soy el primero en dar excusas,
pero si no, tendré que lamentarlo.
Porque no pienso, vida mía, ir a buscarte.
Sí. Me dolerá, no tengas duda alguna,
pero que dudes de todo mi cariño.
eso me duele de forma más profunda.
Una vez ya pasé por este trance.
Lloré como en mi vida había llorado.
Tal vez, también acaso lo haga ahora,
pero no voy a irlo pregonando.
Si un cariño es sincero como el mío,
no es justo que con tal moneda pagues.
Si esos son los billetes que me entregas,
espero que tú sepas lo que haces.
No es dignidad ni orgullo lo que siento.
Es, simplemente, que me siento dolido.
En tus manos se encuentra que mañana
podamos estar nuevamente en nuestro nido.
Y si no, sigue alegre entre los tuyos.
Tal vez no te equivoques al hacerlo.
Pero dudo que ellos puedan darte
un amor como éste que te ofrezco.
No es rabieta de niño enfurruñado.
Es el dolor de un hombre que te quiere.
Piensa a fondo y ve si tengo culpa;
que un amor igual que nace, muere.
Y no quisiera yo que se muriera
el cariño tan grande que te tengo,
pero sé que de nada soy culpable
y en pedir perdón falso es que ni pienso.
Que si tuviera culpa, ya es sabido,
que perdón de verdad yo te pidiera.
¿Pero siendo inocente? ¡Vamos, anda!
No son así los hombres de mi tierra.
Poema anterior
Menú Poema
siguiente
|