¿Cómo pensar en algo que decirte
que un hombre no haya dicho a la que ama?
En todos los idiomas se han vertido,
para hacerlo, millones de palabras.
Tal vez fuera mejor hacer un gesto,
un guiño cariñoso, una mirada
que refleje en silencio, sin testigos,
todo aquello que surge de mi alma.
Porque ya no es el cuerpo lo que pido.
La carne, al fin, es polvo y el polvo es nada.
Lo que exijo es tu vida, toda entera,
para poderla vivir cada mañana.
Mas presiento que es vano mi deseo;
a muchas cosas estás encadenada.
Pero no importa, mi amor es más potente
que todos esos hierros que te atan.
Yo lograré romperlos con mis versos,
los haré trizas a golpes de baladas.
Tú has de ser mía, se oponga quien se oponga.
Victorioso saldré de esta batalla.
Y aunque herido de muerte bese el suelo,
sabiendo, vida mía, que me amas,
volveré del Infierno si es preciso,
a buscarte otra vez, de nuevo, al alba.
Poema anterior
Menú Poema
siguiente
|