Siento en el pecho un ansia extraña.
Contando estoy los días que aún nos quedan
para estar los dos junto del otro.
¡Qué larga y qué penosa que es la espera!

¡Si amaneciera ya mañana y fuera el día
soñado en el que habremos de encontrarnos..!
Pero no, que los días van despacio
cuando espero y después pasan muy raudos.

Es el eterno clamor de los amantes:
Gemir, soñando el día del encuentro.
Y luego, sollozar amargamente
al llegar del adiós el cruel momento.



 


 

 

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