Anoche yo sentí tu cuerpo cerca,
muy próximo a mi carne, allí en el lecho.
Tanto que quise abrazarte como entonces;
mas no estabas allí, que estabas lejos.
Mientras, tu voz sonaba en mis oídos.
No era espejismo, pues me estabas hablando
de amor y con pasión me susurrabas...
Sentí cómo, febril, gemías en tu orgasmo.
No puedo soportar esta distancia.
Quiero sentir tu cuerpo contra el mío
igual que lo sentí en aquellas noches
en que después de amarte caí rendido.
No tardes en venir, que estoy dispuesto
a enfrentarme con quien hiciera falta.
Necesito tus besos, tus caricias,
pues sin ellas es que no siento el alma.
Ya sé que tú no incumples tus promesas.
Nada juraste, mas que quererme siempre.
Pero no me conformo con oírte.
Te preciso a mi lado hasta la muerte.
Poema anterior
Menú Poema
siguiente
|