Hoy quisiera contarte yo a ti un cuento.
Un cuento con un final de esos hermosos.
Pero únicamente mana el alma mía
un dolor tremendo y doloroso.

¡Tú no mereces esto en modo alguno!
Confiada viniste y mira qué mal pago.
En vez de darte dichas y alegrías
te he dado un cruel dolor triste y amargo.

¿Cómo puedo lograr que me perdones?
Matarme no sería suficiente.
Aunque sí. Dicen que, si se muere el perro,
la rabia se termina felizmente.

No le temo a la Muerte. Es una amiga
que me viene rondando hace ya años,
para al cabo llevárseme con ella.
Así no volvería a hacerte daño.

Pero quiero vivir para adorarte,
pagándote con creces el mal hecho.
Quiero hacerte feliz, ¡pero no sabes
cómo la angustia se ha adueñado de mi pecho!

¡Ojalá tú la calmes con tus risas!
Pero hacerlo no puedes. ¡Más quisieras!
Si llevas, de dolor, rota la carne
por mis pecados y mi vida calavera...

No habrá Infierno más duro que el que siento,
ni tormento como el que ahora me castiga.
Y aún tengo la osadía de pedirte
que puedas perdonarme... ¡Dios me maldiga!


 


 

 

Poema anterior                                  Menú                         Poema siguiente

Hosted by www.Geocities.ws

1