La vida hay que vivirla, ¡vive el Cielo!
Así te dije ayer que había sentido:
Surgí de un sordo y cruel letargo
como a la vida nace un recién nacido.
Yo no sé dónde estaba tras aquella
tormenta que agitó hace unos meses
mi alma, tan feliz en ese tiempo,
cuando vivía, ingenuo, otros quereres.
Sentía estar huido, vacilante,
como un fantasma vagando en el pasado.
Llegaste tú y las puertas se abrieron
de ese Cielo que siempre había soñado.
Hoy siente que está viva el alma mía.
Respira hondo y todo lo percibe.
Hoy sé que, si uno quiere, con esfuerzo,
puede sentirse, feliz, lo que se vive.
A ti debo esta vida solamente.
Yo estaba muerto y ahora estoy bien vivo.
Dame la fuerza para seguirlo estando,
prestándome muy a fondo tu cariño.
Poema anterior
Menú Poema
siguiente
|