No sé yo si en todo esto que yo escribo
cosa exista que sí valga la pena.
O estoy muy inspirado o es que surgen
porque de ideas tenía el alma llena.
Si es lo primero, ya sabes quien culpable
es de que la mente me rebose:
Tus besos, tus sonrisas y tu llanto,
tus pícaras miradas de esas noches.
Si lo segundo fuere es que tenía
un atasco fatal que alguna ingrata
en mi mente formó con sus mentiras,
con su falso querer, con sus caricias falsas.
El caso como fuere es que ahora escribo
en un día lo que escribí en diez años.
La calidad siquiera la discuto.
Ya habrá alguien que quiera criticarlo.
Pero así hago oficio y quién lo sabe
si este ejercicio mental de cada día
no ha de servir para que un día, de repente,
igual que el Amor vino llegue la Poesía.
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