Hubo una sombra en mi vida
que antes fue radiante luz.
Mas cuando me dejó a oscuras,
entonces, llegaste tú.

No quiero dar al pasado
más recuerdo ni ilusión.
Si un día reinó la noche,
ya en mi vida amaneció.

Tú has sido el rayo brillante,
el mágico despertar.
Has inundado mi vida
de una hermosa claridad.

Mas, ¿hasta cuándo? Que temo
que te puedas diluir,
igual que lo hicieron otras,
en un olvido sin fin.

Sí que lo temo, no creas,
porque, aunque sé que me quieres,
mi espíritu está escarmentado
de tantos falsos quereres.

¿Tú te has de ir? Yo confío
en que eso no suceda.
Pero, mira, si has de irte,
yo sabré esperar que vuelvas.

¡Ay, qué locos pensamientos
vienen a herirme la mente!
Bien seguro estoy que nunca
tú dejarás de quererme.

Porque aunque todo se oponga
a nuestro cariño hermoso,
sabremos los dos cruzar
ese valle tenebroso.

Y un alba, por fin veremos
amanecer nuestras vidas:
Las manos entrelazadas
y en la boca una sonrisa.



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