Desde tus verdes tierras de Cantabria,
desde la orilla de aquél tu mar bravío,
tú has de venir, surcando los raíles,
dentro de poco a mi lado, ya, amor mío.

Dejarás allí atrás verdes paisajes
atravesando la estepa castellana,
árida y dura como mi vida era
antes de conocerte, dulce amada.

Dejarás allí atrás las realidades,
envuelta en un tumulto de pasiones
que tu alma agitan desde aquel rayo divino
que iluminó feliz dos corazones.

Vendrás a un sueño y el sueño será cierto.
No van a perturbarlo pesadillas.
Vive el momento, ése será tu lema.
Deja a tu mente vivir la Maravilla.

Que lo de atrás no importa y el mañana
no debe mantenernos nada inquietos.
¡Quién sabe si mañana no amanezca,
quién sabe si no estaremos muertos!

Vive en el hoy, alegre, intensamente.
Deja brotar feliz la Fantasía,
sonríe feliz gozando cada instante.
Hoy es el hoy. Mañana es otro día.

Deja correr las horas lentamente,
no mires ni siquiera el calendario.
Los dos ya lo sabemos, por desdicha,
que un cruel Destino habrá de separarnos.

Pero al tornar de nuevo hacia tus tierras,
cuando veas de nuevo tu Montaña,
sé dichosa y admira su hermosura,
no sientas ningún nudo en tus entrañas.

Que pronto, ¡pronto!, yo habré de ir a buscarte.
Que no le asusta a mi amor esa distancia.
Es corto el paso si he de poder amarte
sobre tu hermosa tierra de Cantabria.

Y como nuevo Cid a lomos de Babieca,
por la feroz estepa castellana,
yo iré al galope, mi linda montañesa,
pues que el Amor presta a mi amor ligeras alas.

Mas yo no iré al destierro. Iré a tus brazos
que amables e impacientes al viajero
yo sé que aguardan con ansias de ofrecerme
aquello que estos días me ofrecieron.

Y allí, muy juntos, frente a tu mar bravía,
oyendo alegres entrechocar sus olas,
sabrás que nunca habremos de alejarnos,
que aunque me aleje ya nunca estarás sola.

Que el corazón prendido en esos montes
quedará para siempre ya, chiquilla.
Un corazón que ya encontró su Norte,
abandonando las tierras de Castilla.

Desde tus verdes tierras de Cantabria,
desde la orilla de aquél tu mar bravío,
has de venir muy pronto a dar luz nueva
a un corazón que ayer fue triste y sombrío.

¡Acude rauda que ansioso aquí te espero!
No pierdas tiempo en otros menesteres.
Los días transcurren tan lentos y despacio
que más que días dijera que son meses.

Mas tiempo al tiempo, sentemos la cabeza.
Ocasión habrá ya de lamentarnos.
Ahora pensemos, sin prisa mas con ansia,
en el dulce entrechocar de nuestros labios.


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