Tú
puedes infundirme un vigoroso
valor que vorazmente arda en mi pecho.
Tú puedes infundirme nuevas fuerzas,
haciéndome soñar con grandes hechos.
Es ardua la tarea que te espera,
que no se logra fácilmente ir a la fama.
Por mucho que reluzcan estos versos,
la fama es caprichosa y casquivana.
Es que tiene de una mujer el nombre.
Coquetea con todos sonriente,
enervando en tantos esos novios
que la buscan una pasión ardiente,
para luego dejar abandonado
a tanto enamorado pretendiente,
yendo a parar a brazos del primero
que se le antoja y que peca de imprudente.
Porque es imprudencia conseguirla.
Porque es un sueño tratar de conquistarla.
Al fin y al cabo es ella la que elige,
como en un baile con el que quiere baila.
Porque es una mujer, al fin y al cabo
y, como tal, vanidosa es y coqueta.
Con los versos se ríe, haciendo trizas
el corazón sensible del poeta.
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