Al alba iré a buscarte, vida mía,
pero no temas que vaya somnoliento
que al tiempo que comienza un nuevo día
comenzaré una vida bien despierto.

Al alba te veré, quizá entre niebla
difusa tu figura esplendorosa.
¡Qué pena que no encuentre nada abierto
para poder ofrecerte algunas rosas!

Rosas rojas de amor, cual es mi sangre.
Rosas rojas de amor como un presente
que te ofrece un corazón ilusionado,
un regalo de un corazón ardiente.

Pero sé ya muy bien que no precisas
que te regale nada ni adornarte.
Te conformas con el brillo de mis ojos
cuando puedan por fin lograr mirarte.

Puedes estar muy tranquila, vida mía,
que esa imagen con la que mi alma sueña
la tengo bien grabada ya en mi mente,
que tu risa me ha dado bien tus señas.

Y así, después de un beso, muy despacio
hacia el nido de amor nos marcharemos.
Quisieran nuestros pies volar deprisa,
pero sabremos sofocar nuestros anhelos.

Que el tiempo corre raudo mas, no obstante,
tiempo tendremos de sobra para amarnos.
Mejor será el reloj de nuestras vidas
por unos días detenerlo, hasta pararlo.

Así no sentirás pasar las horas
ni pensarás jamás en la partida.
Que aunque tengas que irte, ya en mi alma
tu presencia ya siempre queda inscrita.

Y en el momento amargo en que te vayas,
cuando el tren ya camine por la vía,
mi mente estará haciendo mil planes
preparando febril la nueva cita.

Porque nadie podrá ya separarnos
aunque aleguen legítimas razones.
No se separan nunca, si se quieren
de verdad, con amor, dos corazones.

Y aunque hubiera mil leguas de distancia,
aunque hubiera un Océano de por medio,
sabré yo sortearlos afanoso
para a tu dulce afán poner remedio.

Al alba iré a buscarte, vida mía.
Y ese alba se encuentra ya cercano.
Mas, ¡qué eternos los días se me hacen!
¡Cuán amarga la espera de encontrarnos!


 







 


Poema anterior  
                                Menú                         Poema siguiente

Hosted by www.Geocities.ws

1