Sólo
oyendo tu voz ya me he prendado
de la miel que destilas y armonía
en mi pecho y sosiego has infundido
con sólo tus palabras, vida mía.
Sé que es pronto para decirte eso.
Apenas te conozco y ya te quiero.
Sé que el de ayer ha sido el mejor día
que amaneció para mí después del duelo.
Yo estaba triste y ahora estoy alegre.
Miedo me tengo de mi voraz impulso.
Es que escucho tu voz y tiembla el alma.
Capaz sería de darte todo un mundo.
No quiero despertar nunca del sueño
en que han sabido sumirme tus palabras.
Siento en mi pecho palpitar contento
el corazón que apenas palpitaba.
Y si acaso del sueño despertase,
que fuese entre tus brazos, amor mío.
No me niegues la dicha de tenerte
a mi lado aunque existan mil peligros.
Es difícil la empresa que empezamos.
Lo sé, pero te juro que no hay miedo
si al final de la lucha tú me aguardas
y me espera el cariño de tus besos.
Menú Poema
siguiente
|