Yo no sé qué es mejor, si, tras de amarte
a fondo, como nunca había sentido,
romper aquél cariño que te tuve,
dejando aquél amor en el olvido.

Yo no sé qué es mejor,
y te lo digo,
si seguir escuchando tu voz,
siendo tu amigo
u olvidar el amor,
si lo consigo.

Pero, ¡ay, ansia loca! ¿Cómo hacerlo,
si en mi pecho resuenan los latidos
más fuertes cada día y, sin quererlo,
vuelvo a marcar tus números queridos?

Me los sé de memoria, aunque no quiera.
Empiezo con el seis y, luego, sigo:
Cero, cero, un ocho, y las postreras,
para acabar,
queriendo o no queriendo,
con un cinco.

Yo no sé qué es mejor,
si oír el hilo,
otra vez, de tu voz,
o si no oírlo,
porque cada vez que te escucho, me recuerdo
las horas que pasamos en un nido
que ya no volverá jamás a recogernos
como recoge una madre a su chiquillo.

Yo no sé qué es mejor...
Tal vez, si insisto,
vuelva a encender tu ardor...
O acabe de extinguirlo.
De verdad, te pregunto,
amada mía:
¿Qué deseas que haga? ¡Es que no vivo.
pensando en unas noches y unos días
que soñé sin soñar, y no dormido!

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