Ayer
lloré y, en mi llanto,
no sé si te diste cuenta
de lo que quise decirte...
¿Lo entiendes viendo estas letras?
Esto no será un adiós
ni un, tan siquiera, ¡hasta luego!
Ya no volveré a llorar...
¡Sabré luchar por tus besos!
Y si salgo derrotado
y mi cuerpo yace yerto
tras de tan cruenta batalla,
tú sabrás por qué habré muerto:
Por tu cariño tranquilo,
por tu despertar risueño,
por tu sonrisa de perlas,
por conseguir ser tu dueño.
Si me ves muerto, no sufras;
recuerda siempre estas letras,
son mi pobre testamento.
Y no llores al leerlas.
Recuerda cuánto te quise
y siempre, siempre, recuerda
que las escribí muy lejos
pero con el corazón muy cerca.
Poema
anterior
Menú
Poema siguiente |