¿Es
verdad que se marcha de la vida,
en furtiva cadencia de las horas,
el ímpetu y la audacia a los latidos
de esta máquina sorda..?
Sólo sé que en el pecho ya no suena
la música de antaño, misteriosa,
sino un torpe tictac que, repetido,
parece que jamás se agota.
Un sonido tras otro; luego, ¿nada?
Cuando acabe la música monótona,
¿quedamos en silencio o sólo hay ruido
allá en la negra sombra..?
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