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estas horas tristes que se cierra el diario del Sol, para otra página volver a concebir cuando amanezca tras la noche pasada, a solas en el cuarto donde siempre mi cabeza engendró bellas quimeras, hermoso santuario donde duermen mis goces y mis penas, he acertado a pintar tu imagen pura en mi cerebro fértil retratada, esculpiendo el cincel de mi palabra sobre un mármol de versos tu escultura: Los cabellos salpican blanca almohada como espuma del mar sobre la arena, milagrosa y mágica diadema conque el lecho amoroso se engalana. Y, a su amor, extendido, el lindo cuerpo que mima con exceso su longura, regalando, en el sueño, tu hermosura la blancura purísima del lienzo. ¡Qué pena que el poeta que la estatua en su mente forjó, no diera vida, en el fuego candente de su fragua, a la imagen despierta, no dormida..! |