| |
La mañana pasando
lentamente,
cambiando las monedas en fortuna...
Quisieran que les diera hasta la Luna,
mas no puedo yo darla alegremente.
Bien quisiera sacarlas de mi mente
las bolas agraciadas, una a una,
corrigiendo, si hiciera falta, alguna,
para hacer muy feliz a algún cliente.
Mas la suerte es coqueta y caprichosa,
no se va con cualquiera que la llama;
elige sus amantes veleidosa,
a los que no le gustan no les ama.
Mujer al fin y al cabo... Y bien hermosa.
¡Préstame tus favores y la Fama! |
|