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Que la Musa se encuentra en
mi garita
afirmo convencido de tal cosa.
De muda, de altanera y caprichosa,
se torna en su interior en corderita.
Siempre esquiva en la calle, aquí se
cita
con mi pluma en orgía portentosa
e inspira en mi cabeza, generosa,
la rima que mi verso necesita.
Ni música sonando ni aun el ruido
la ahuyentan de mi mente cuando llega;
le abro franca la puerta cuando viene,
no dejándola irse hacia el olvido.
Entonces con su beso el verso riega,
rezumándolo así, donde conviene. |
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