Que la calle es la escuela de
la vida
escuché desde niño y no hice caso.
Comprendo por qué entonces el fracaso
ha sido mi vereda preferida.
Más se aprende en dos días viendo
gente
que en dos años de estudio en Salamanca;
se acierta a comprender si es o no es franca,
si dice la verdad o si te miente.
Entiendo que el golfillo bien se apañe
y siempre coma liebre en vez de gato,
no hay truco ni hay ardid con que le engañe
el bachiller más culto y su boato.
Aunque a veces resulta más artero
el préstamo cordial de un gran banquero... |