| |
Veo pasar a la gente por la
calle,
cada cual a su afán y a su camino;
las trágicas jugadas del Destino
obligan a observar cada detalle.
Las hay que van luciendo un lindo talle,
seguras de sí mismas. Y está el fino
que grita que a este mundo cuando vino
se rompieron los moldes. No es que halle
a muchos de esta guisa; lo corriente
es topar con personas muy amenas,
cariñosas, sensatas, buena gente,
cada cual con sus males y sus penas.
Pero siempre ha de haber quien dé la nota,
el inútil y estúpido e idiota.
Y es que Dios, aunque fue buen
arquitecto,
no acabó el edificio muy perfecto.
Son cosas que suceden a menudo
aún siendo el artesano macanudo. |
|