Escuchando nombrar unas ciudades...

  Escuchando nombrar unas ciudades,
resulta que mi amor España entera
surcó de forma extraña y pasajera,
como un nuevo Tenorio, sin maldades.

Cada una aportó sus cualidades,
cada cual me enseñó su primavera.
¿Qué cuál fue la mejor? Pues la primera,
la que sabe sufrir mis deslealtades,

la que duerme a mi lado y me cocina,
la que plancha mi ropa y me da crema
en los pies doloridos, la que inclina

la cabeza llorando mientras quema
su vida trabajando. Es una mina,
una joya sin par, valiosa gema.

Mas mi espíritu infiel nunca está quieto.
No hay forma de tenerle ella sujeto.
Conclusión: Seré siempre un caradura,
volando sin cesar tras la aventura.

 

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