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Te quiero y te querré, no
tengas duda.
pero pienso en tu bien y no quisiera
causarte ni un dolor; ni tan siquiera
que de pena se quede tu voz muda.
Ante mí te ofreciste, así, desnuda,
sin el menor pudor, el alma entera
lo mismo que tu cuerpo. Y la primera
me obligó a descubrir la verdad cruda:
No es el sexo el que anhelo, es la
persona;
aquella que me preste compañía,
aquella que conmigo, juguetona,
me llene cuerpo y alma de alegría.
Aquella a la que miento y me perdona;
aquella, mi mujer, tan sólo mía. |
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