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El hombre es al final sólo
un muñeco
en manos de mujer voluble y loca.
Cuidado ha de tener con esa boca
o cuernos le pondrán, cual un rebeco.
Si bebo del amor, entonces peco;
mas peor si no bebo, que me toca
sufrir su ingratitud, y nunca es poca,
quedándome el gaznate ronco y seco.
¡Ay, hijas del Amor! ¡Ay,
inconstantes!
¡Maravilloso afán de las mujeres!
Esposas ser podrán, madres o amantes,
que todas nos darán bellos placeres.
Mas poco durará, breves instantes.
¡Extrañas en verdad! ¡Extraños seres! |
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