Esta noche en mi boca está
el aliento
que tus besos de amor han infundido.
Dormida ya estarás en ese nido
donde fueron tres horas un momento.
El tiempo transcurrió y estoy contento,
no me siento cansado ni dormido;
siento alegre sonar ese latido
igual que siendo joven y me invento
un soneto feliz e ilusionado,
en tanto que en mi espalda da la brisa.
El calor no se siente; se ha tornado
en grato mi salón, mi María Luisa.
Me gusta así llamarte, bien amado,
y por hablar contigo tengo prisa.
Ya la noche pasó, ya es madrugada.
Muy pronto volverás, niña alborada. |