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Amar por ser amado es ya
manía
de mi ego insolente y calavera;
sentir que de una hembra placentera
tengo la admiración, me da alegría.
Y esta dicha se torna en Poesía,
brotando en mi interior la primavera;
no será mi pasión cual ella espera,
mas me quedan arrestos todavía.
¡Ay, labios de mujer, bellos, sabrosos,
que guardan el candor de otros de antaño!
O la pasión vulgar... Mas, siendo hermosos,
no le tengo temor a ningún daño.
La cuestión es besarlos que, mimosos,
no me asusta después el desengaño. |
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