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Lo primero es probar la
consonancia,
que vienen las palabras asonantes
y el soneto se queda con bastantes
defectos; solamente por vagancia.
Lo segundo es pensar que la fragancia
de una hermosa mujer, igual que antes,
enerva la pasión de los amantes.
Todo ello, eso sí, con elegancia.
Bien dicen del ladrón que siempre
piensa
que todos a su clase pertenecen;
con ello quiere hallar la recompensa
a su torvo actuar. Mas se merecen
esos versos, es cierto, amigo mío,
un aplauso risueño y te lo envío. |
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