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¡Qué falsas tus palabras
resultaron!
¡Qué inútiles perdimos esas horas!
No finjas allá lejos que me lloras;
lo sé bastante bien, ya me engañaron
antaño otras mujeres. Me pagaron
con burlas y traiciones, no lo ignoras
porque, ¡pobre de mí!, conté a deshoras
y sin pensar a quién quienes me amaron.
Dijiste que a mi lado te ovillabas,
buscando una caricia, sin deseo;
estúpido de mí, que tú me amabas
pensé que era verdad. Hoy ya no creo
ni una sola palabra. ¿Qué pensabas,
reírte de mi amor? Eso está feo.
Yo dije la verdad, yendo de frente;
tú, me temo que no. Mientes vilmente. |
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