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¿FINAL...?
Sin saber cómo, el manuscrito de mi cuento
había caído en manos de los niños del cámping. Tal vez fueran mis
hijos los que se lo dieran o aquel amigo a quien obligué a prestarme su
atención, leyéndole las hazañas de Odín. El caso es que, una tarde,
al llegar de mi trabajo, me hallé con un tropel de chiquillos que
apenas si aguardaron a que aparcase mi coche para, rodeándome
impacientes, me espetasen por las buenas:
-¿ Y qué fue de Odín? ¿Cómo se acaba el cuento?
Sorprendido, no hallé palabras para contestarles.
- Ese cachorro que tienes en tu caravana, ese del pelo rojizo, ese es Odín,
¿verdad? -. Me preguntó una preciosa niña de ojos azules y cabello
rubio.
- No -. Negué -. Ése no es Odín. Odín es tan sólo el héroe de un
cuento.
- Entonces... ¿nunca existió?
Y, armándome de paciencia, tuve que disponerme a darles una explicación:
- Mirad, un cuento es la Fantasía. Y la Fantasía tiene una parte de
realidad. Desde ese punto de vista, Odín sí es real. Puede haber
existido en cualquiera de esos perrillos que encontráis abandonados por
las calles, por los campos, en cualquier sitio...
- ¡Pues dinos el final del cuento! ¿Qué pasó con Odín cuando marchó
en busca del guarda, dejando al cachorro al cuidado del amo? -. Pidió,
impaciente, la niña.
- ¡Sea! Oíd: nadie sabe bien lo que pasó. Unos cuentan una cosa,
otros dicen que fue otra... El caso es que, al cabo de los días, el
nuevo guarda forestal halló los restos del alimañero, que resultó ser
un cazador del pueblo cercano que, guiado, sin duda, por el señuelo de
la recompensa ofrecida, había masacrado a Kiva y a sus cachorros. El
cuerpo del hombre estaba devorado, como si más de cien perros se
hubiesen dedicado a destrozarlo.
- ¡Qué horror! ¿Fue Odín?
- No. El guarda tuvo que ahuyentar a una manada de perros salvajes,
comandados por un enorme perrazo de color azul, que se dedicaban a
despedazar el cadáver y que, incluso, hicieron frente al valiente
joven. Cerca del cuerpo, descubrió también los restos de una perra y
de sus perritos, muertos a tiros. De Odín no se volvió a saber nunca más.
- ¿Y del viejo forestal?
- Tampoco -. Aseguré -. Jamás volvió al pueblo y todos piensan que
tal vez cayera por alguno de los barrancos existentes en la zona. El
hombre abusaba de la bebida y no sería raro que tal ocurriera...
- Entonces... ¿Odín no le alcanzó ni volvió junto a su amo?
- Yo creo que sí le alcanzó... Pero eso nunca lo sabremos. Lo que sí
dicen es que, a veces, por las noches, se escuchan ladridos en el monte
y se puede ver, a la luz de la Luna, cómo un hombre huye desesperado de
la implacable persecución de un perro de color rojo fuego, que siempre
le va pisando los talones. Pero, luego, cuando alguien quiere acercarse
para prestarle ayuda, no encuentra rastro ni del perseguido ni del
perseguidor. Los dos se diluyen en las sombras, hasta que cualquier otra
noche aparecen. Y vuelta a empezar...
- ¡Eso me parece demasiado fantástico! -. Protestó la niña.
Le sonreí: - ¿No habíamos quedado en que la Fantasía era un
cuento...? Y, ¿qué es un cuento sino el espejo en el que se refleja
alguna realidad? Tú, cuando te pones más guapa aún de lo que eres, ¿no
te contemplas en todos los espejos que te encuentras, para alegrarte de
lo linda que te ves? Tu imagen, aunque tú no lo sepas, queda prendida
en ellos y viaja para siempre por la región de los Sueños, alegrando a
todos los que creen en la Belleza...
Se hizo el silencio.
- ¿Cómo se llama el cachorrín? -. Rompió el encanto un chiquillo.
- Todavía no tiene nombre... -. Dije, pensativo, contemplando al
perrillo que, con errantes y zangolotinos pasos, cruzaba por debajo de
mi vieja perra, que le gruñía amenazadora pero cariñosamente -.
Aunque, acaso, le llamaremos Thor...
- ¡Claro! -. Exclamó un muchacho -. ¡En la mitología escandinava,
Thor era el hijo de Odín!
Sonreí para mis adentros. Encendí un cigarrillo. Pensé en mi máquina
de escribir...
¡Pero aquella ya sería otra historia!

F I N
A Capítulo X
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