Soñar en besar tus ojos
es como un dulce pecado.
Cuanto más sueño con ello
más me siento condenado.
Mas el Infierno no asusta,
a pesar de sus diablos,
a aquél que tiene aún fuerzas
para besarte en los labios.
Nada me aterra del mundo
ni del Cielo. Es mi pasado
el que sí puede asustarme
si tú pretendes juzgarlo:
La mala fama, los días
en que estando yo borracho
no actué como debiera,
las mujeres que he burlado,
las risas que lancé entonces
mientras brotaba su llanto,
las lágrimas no enjugadas,
los lamentos no escuchados.
A eso sí que tengo miedo,
no me importa confesarlo,
pues sé que me maldijeron
lo mismo que un día me amaron.
¿Cómo excusar mi conducta,
como lavar el agravio?
Tal vez por ello estoy solo,
tan depresivo y cansado.
Me lo tengo merecido.
Ése y no otro es mi pago...
¡Tantas mujeres burladas,
tanto marido engañado!
Quiera Dios que me perdonen,
que tú sepas olvidarlo,
que ahora sólo añoro calma,
paz y quietud a tu lado.
¿Seré digno de alcanzarlas,
podrás quizás perdonarlo?
No sé, pero habrá que verlo,
habrá que intentar lograrlo. |