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MEDIOS/¡A trabajar, wokes!

Sigue la poda de bazofia woke: si no eres eficiente, vas p'afuera

Apenas un par de años se veían invencibles pero hoy los están echando a la calle por cobrar mucho sin aportar nada. Nos referimos, claro, a los wokes, que tenían totalmente copado a uno de los periódicos más influyentes del mundo. Nadie le dijo a estos zánganos que existe la ley de mercado, inmune a las tonterías que ellos propagan. Aquí detestamos a Jeff Bezos, pero por esta ocasión, celebramos la limpia que realizó en The Washington Post

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MARZO, 2026. ¡Ah, las delicias del schadenfreude!

Esa palabrita de origen alemán que define el gusto experimentado, apenas disimulado, cuando a alguien más le va mal o recibe su merecido, aplica a lo ocurrido recientemente con alrededor de 300 personas a las cuales Jeff Bezos, el propietario de The Washington Post, anunció su despido pocos días antes del inicio de los Juegos Olímpicos de Invierno y del Superbowl. Entre las víctimas de la podadora se encontraban miembros de la sección deportiva quienes ya estaban haciendo maletas para irse a cubrir esos eventos. Finalmente se enviaron corresponsales allá pero para entonces, del área deportiva donde trabajaban 40 empleados, de acuerdo a The New York Post, apenas 12 de ellos sobrevivieron a la poda.

Informó ese matutino que los "corridos" recibieron una notificación el lunes 2 de febrero para "permanecer en casa" y atender una reunión urgente a través de Zoom donde se les notificó que ya no trabajarían más para el matutino. "Yo soy uno de los despedidos por estos recortes", se lamentó Emmanuel Felton, reportero especializado en temas raciales, etnicidad e inclusión. La podadora también alcanzó a Carolyn O'Donovan, encargada de cubrir las actividades de Amazon, empresa que, no lo olvidemos, es propiedad de Jeff Bezos, quien adquirió The Washington Post en el 2013.

Inevitablemente Felton achacó la decisión "a factores ideológicos, más que económicos", es decir, lo echaron por los temas que cubría y no por ser un columnista con escasos lectores.

Otros echados a la calle fueron Jada Yuan, encargada de la sección de cultura nacional y entretenimiento --traducción: promover con elogios la basura woke difundida en cine, televisión y plataformas digitales-- así como Jacob Borgan, a cargo de la sección de crítica de libros, el columnista en temas de tecnología Jeff Fowler y una poda más en el Departamento de Área Metropolitana donde solo quedaron 13 empleados mientras a los 43 restantes se les dieron las gracias.

Y como suele suceder para que no suele tan feo que todos ellos fueron corridos de un patadón en el trasero, The Washington Post explicó la decisión plagada de eufemismos: "Llevamos tiempo enfrentando retos financieros que han afectado tanto en el área administrativa como presupuestal", expresó el director ejecutivo Matt Murray en un comunicado. "Estos recortes tendrán un fuerte impacto en todas las áreas informativas..." Bye bye, amiges wokes.

A las pocas horas la mayoría de quienes súbitamente perdieron su trabajo enviaron una carta donde suplicaban a Jeff Bezos que "repensara su decisión". Los "abajo firmantes" señalaron cómo "muchos de nuestros reportajes atrajeron nuevos suscriptores", con todo y meses atrás ya corría muy fuerte el runrún de que la podadora vendría a cortar cabezas al interior de The Washington Post... en especial cabezas de colaboradores con tendencia woke.

Era igualmente obvio que esos despidos serían interpretados como la muerte de la libertad de prensa en Estados Unidos: "Esto marca uno de los días más oscuros en la historia de las organizaciones informativas más grandes del mundo", escribió en X Marty Baron, alguna vez director ejecutivo de The Washington Post, del que advirtió "sus objetivos se verán dramáticamente disminuidos, su valiente equipo de colaboradores quedará devastado, y la opinión pública se quedará sin acceder a reportajes ecuánimes, basados en los hechos y que tanto nuestras comunidades como el mundo requieren hoy más que nunca."

¿Pero que acaso el gobierno norteamericano aprobó alguna ley que obliga a los medios "someter a revisión" por parte de un burócrata toda nota antes de ser publicada al punto de temer el fin de la libertad de expresión en Estados Unidos? ¿A qué horas anunció la Casa Blanca que había obligado a Bezos a realizar despidos masivos en The Washington Post, en especial de esos colaboradores incómodos? ¿Qué tiene de "día oscuro" que una empresa anuncie despidos de personal ineficiente?

Por otro lado y respecto a la paranoia de Baron: ¿es periodismo "ecuánime" y "basado en los "hechos" la negativa a definir que es una mujer, defender la existencia de 74 géneros sexuales o denunciar las "obvias conexiones" entre Trump y el gobierno ruso, algo que The Washington Post jamás pudo comprobar pese a que sus reporteros investigaron el asunto hasta donde les fue posible, incluido el presionar al Congreso para someter tres veces a juicio político al presidente?

¿No parece exagerada la reacción del ego de Baron, digno de análisis clínico, al hecho de que un periódico con serios problemas económicos decida racionalizar gastos echando a colaboradores que le representan una carga económica? ¿En realidad el despido de 300 personas de un diario envenenado de porquería woke pone en jaque a la libertad de expresión de todo el planeta tierra? Por favor señor Baron, no se pase de mamón.

El senador Chris Van Hollen, naturalmente demócrata, acusó a Bezos "de haberse gastado 40 millones dólares con el documental de Amazon Melania, y ahora despide a un tercio de los empleados de The Washington Post, todo por 'razones presupuestales' El asalto corporativo a los medios de comunicación es una amenaza a nuestra democracia y al derecho a la verdad del pueblo norteamericano".

¿Pero cómo fue que al senador Van Hollen nunca le pareció "una amenaza a la democracia y al derecho a la verdad" con "el asalto corporativo" en el 2013 cuando Jeff Bezos adquirió The Washington Post? El periódico en manos de Bezos resultó "gravísimo" solo hasta que el magnate despidió a colaboradores wokes que cobran mucho y producen poco, o son responsables de secciones y columnas que nadie lee, ya no digamos hojear.

Otra más que emitió lastimosos quejidos fue Karen Attiah quien, por supuestísimo, se asumió como "víctima" del recorte por su color de piel: "Yo era la ultima columnista afroamericana de opinión (en el Post) en una de las regiones más diversas del país", se lamentó Attiah en X, quizás sorprendida de que ese puesto no la hizo inmune al despido. "Éste ya no es un periódico que refleje los intereses de la gente. Lo que ha sucedido es parte de una purga más amplia de voces negras en el mundo académico, los negocios, el gobierno y la prensa. Una tendencia tan peligrosa como trágica".

A nadie extraña a estas alturas que Bezos haya despedido a gente que vive totalmente ajena en torno de la realidad: ¿acaso la mujer jamás ha visto cómo en los comerciales de TV desaparecieron los matrimonios entre blancos y hoy todos son mixtos, o cómo en las universidades se discrimina a la población blanca y se le baña de insultos sin que las autoridades académicas hagan algo al respecto? ¿No ve Attiah una "tendencia tan peligrosa como trágica" que se culpe a quien tenga la piel blanca de ser un nazi o un racista o que una empresa puede ser penalizada su se abstiene de contratar un porcentaje perteneciente a minorías raciales por encima de sus méritos profesionales?

Agrega Attiah en sus sollozos y lamentos: "El periódico se apresuró a despedirme sin siquiera una conversación (...) todo se realizó no solo con alevosía sino que marcó una violación a la ética periodística y trato justo que The Washingtion Post afirma defender".

Pues fíjese que no, señorita, señora o señorite Attiah: El ser un periódico "progre" no quita a The Washington Post su condición de ser parte de una economia de mercado donde las decisiones que marcan el crecimiento o en su defecto los recortes, dependen de los ingresos económicos que genere el negocio. Si estos empleados que fueron puestos de patitas en la acera gozaran de lectores y por lo tanto atrajeran anunciantes, no habría motivo alguno para despedirlos.

La soberbia de gente como Attiah, Baron y Fowler, entre otros, de manera tragicómica los lleva a culpar a Bezos de actuar como un empresario. Lo consideran un "insensible" que "ha doblado las manitas" ante el gobierno de Donald Trump, pero ninguno de ellos nos ha recordado que Jeff Bezos es también dueño de Amazon Prime, la plataforma que distribuyó excremento woke como Los Anillos del Poder, vomitó una infinidad de series con personajes "bno-binarios" y que amenaza con destruir la esencia de James Bond.

La "mala leche" de esos empleaditos woke subió dramáticamente luego que el matutino declinara dar su apoyo a la candidata perdedora demócrata Kamala Harris. Varios columnistas anunciaron con orgullo su renuncia y, o almenos quisieron hacer creer eso a la opinión pública; ya semanas antes, Bezos les había ofrecido un"retiro adelantado" que les garantizaba tres meses de sueldo si renunciaban voluntariamente; igualmente alrededor de 4 mil lectores cancelaron sus suscripciones, fúricos por la decisión de Bezos de no apoyar a la señora Harris.

Al final esa indignada protesta no sirvió ni para maldita la cosa pues ni siquiera un hipotético respaldo de The Washington Post a la candidatura de Kamala Harris habría salvado su campaña; el mismo periodista liberal Jake Tapper de la cadena CNN, reconoció en su libro Original Sin que "la campaña presidencial de Kamala Harris fue una catástrofe, nada podía salvarla, ni siquiera el apoyo de los periódicos, como The Washington Post, que se abstuvieron de respaldarla públicamente".

La abstención de Bezos por respaldar a Kamala Harris asimismo fue alimentando la grilla en su contra al interior del périódico: de acuerdo a un artículo de Politico --publicación que nadie podrá llamar simpatizante de Trump-- hubo empleados que comenzaron a conspirar contra el fundador de Amazon, quien como respuesta hizo lo mismo que haría todo jefe que descubre que en su nómina hay indeseables que quieren perjudicarlo: los corrió.

Finlmente ¿no resulta extraño que este "ataque a la democracia" con medios de comunicación moribundos se esté dando mayoritariamente en aquellos de tendencia izquierdista sectaria? ¿Cómo es que The New York Post, uno de los pocos diarios de tendencia conservadora, se mantenga en números negros al punto de abrir otro periódico Los Ángeles, California? ¿Por qué en ese matutino no se dan los despidos masivos de personal ni se llega al extremo de tomar "medidas dolorosas"? ¿no será que, a diferencia de The Washington Post", ese periódico propiedad de la familia Mardoch tiene colaboradores que le gente lee y por tanto es rentable?

Siempre será lamentable que la gente sea despedida de un trabajo del que dependen no solo ellos sino sus familias. Pero por otro lado, The Washington Post tampoco es una ONG que cuenta con subsidios garantizados que le permita gastar el dinero en pendejadas woke; es un periódico sujeto a las leyes de oferta y demanda por lo que le imposible mantener por tiempo indefinido a zánganos que se asumen como víctimas del racismo o promueven basura inclusiva de la que hasta los mismos liberales norteamericanos ya están hasta la madre.

Mientras Jeff Bezos siga promoviendo mierda woke en Amazon Primer nos seguirá cayendo en la punta de la pelona (sin alburerar). Pero por lo pronto, aplaudimos esta medida: los wokes están obligados a ganarse la vida igual que el resto de nosotros, es decir, a través del trabajo duro y honrado. Nadie tiene la obligación de andarlos manteniendo.

 

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