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Literatura
Lectura indispensable, ahora más que nunca
¿Aún piensa usted que otro populista en el poder nos caería bien? Este libro debe servir como ejemplo votivo para evitar repetir las pesadillas del pasado
Tragicomedia Mexicana 2
La vida en México de 1970 a 1982
José Agustín
Planeta, 1992
JUNIO, 2006. Este libro constituye parte de una trilogía que el también conocido "escritor de la onda" publicó desde 1990, donde narra los años posrevolucionarios hasta Tlatelolco, y la tercera parte, donde abunda en los sexenios de De la Madrid y Salinas. Sin embargo escogimos comentar
la Tragicomedia Mexicana 2, primero porque lo que narra es parte esencial para comprender nuestro presente, y luego, porque es el más ameno, salpicado de ironía inigualable.
La historia arranca en 1970, dos años después de los disturbios de Tlatelolco. Pese al descrédito internacional de los gobiernos priístas, las cosas, dice Agustín,
"continuaban intactas, como el presidencialismo, el partido de estado, las grandes corporaciones públicas y privadas y los mecanismos de
control". En diciembre de ese año asume la presidencia Luis Echeverría, sobre quien se tenían enormes expectativas; durante su campaña había prometido que "sería diferente" a sus antecesores, millones le creyeron y votaron abrumadoramente por él.
A partir de entonces se cerró el "desarrollo sostenido" y comenzó el "desarrollo compartido", excusa que Echeverría, populista consumado, utilizó para incrementar el gasto público y la burocracia a niveles demenciales, lo que incluía meter en nómina a los "aperturos", esto es, jóvenes que con el prextexto de constituir "el futuro" se convirtieron en robots a sueldo del Estado.
Un episodio realmente tragicómico es cuando Agustín narra la invitación que en 1972 hizo al presidente a los intelectuales para "un congreso" en Sudamérica donde varios de ellos participaron con todos los
gastos pagados en que, dice el autor, a él le tocaron sólo 200 dólares para sus gastos "pues es inexperto"; aquel fue el epílogo del "viaje tricontinental" donde el presidente incluso llevó ballets folklóricos, indígenas que preparaban tortillas y
prepababan agua de jamaica por 19 países a costa de lo contribuyentes y que nada trajo de provecho para el país.
Todo cierra con la devaluación de 1976, donde arreció el uso de eufemismos, pues según él se trataba de una "depreciación".
El segundo capítulo cubre el sexenio de José López Portillo, de quien también se tenían enormes esperanzas pues se le consideraba un hombre recto, enemigo de la lisonja (!) y comprometido con sus votantes, además que en el ambiente existía la idea de que Néxico, después de Echeverría, ya no podía empeorar. Por supuesto que ocurrió todo lo contrario y el país pasó de peor a pésimo: inflación cercana a los tres dígitos, deuda externa que, de los 21 mil millones de dólares en 1971, había crecido hasta los 110 mil doce años después y un gasto público desbocado.
Agustín enfoca buena parte de su tragicomedia como efectos directos de la corrupción y el poder sin trabas que enloqueció a estos dos mandatarios, pero los exculpa por sus decisiones económicas; como hombre de izquierda, Agustín evita abundar en las políticas keynesianas de Echeverría y las de fomento a la producción mediante el gasto público de López Portillo, sobre todo esta última, que torpemente centró la mayoría de sus ingresos en el petróleo de modo que, cuando los precios de desplomaron, se llevaron consigo a la economía mexicana.
Agustín responsabiliza a los "grupos de poder" (empresarios, pues) de dar "apretoncitos de tuercas" al gobierno mexicano sacando miles de dólares del país. Las crisis económicas tanto de 1976 como del 82 no pueden explicarse con este sólo hecho. Además ¿no es lo más humano proteger el patrimonio personal cuando ante la ausencia de seguridad jurídica en un país?
Por lo demás, el recuento de la actividad cultural de aquel entonces es un valioso documento incluido en la
Tragicomedia, lo mismo que las fotografías, entre ellas la de ambos expresidentes en sus años universitarios, todavía con cabello y, López Portillo, con bigote. Pero entre lo ya descrito sobresale el estilo de José Agustín, amenísimo, como si el autor nos estuviera contando estas historias en persona; por algo sus conferencias y entrevistas, siempre informales, son garantía para llenarnos de anécdotas e historias, bueno, tragicómicas.
El candidato perredista ha reiterado decenas de veces que, "desde 1982", cuando modificó la política eocnómica, el país entró en crisis endémica. No por nada ese año fue el último de López Portillo, coautor de la docena trágica populista que, de acuerdo al discurso de Andrés López, fueron años excepcionales. Que el cielo nos ampare si este señor llega a ganar las elecciones. Por
ello la lectura de Tragicomedia Mexicana 2 es, hoy más que nunca, urgente y necesaria. |